50 MOMENTOS QUE PASARON A LA HISTORIA
LAS 500 MILLAS DE INDIANÁPOLIS
En
medio de la algarabía, a Juan Pablo Montoya le pusieron una corona de flores en
el pecho. Un montón de brazos querían cogerlo a la vez, pero él estiró su mano
derecha y agarró la botella de leche, el símbolo para el campeón de las 500
millas de Indianápolis. Entonces brincó, bebió un primer sorbo -largo y
profundo- y así cumplió con el tradicional rito. Minutos antes, tan pronto su
auto rojo número 9 del equipo Target Chip Ganassi pasó de primero bajo la
bandera ajedrezada, empuñó la misma mano para moverla de atrás hacia adelante
con furia y felicidad. Ese día, el domingo 28 de mayo de 2000, Montoya lideró
la prueba durante 167 vueltas y sintió una alegría parecida a la del británico
Graham Hill, quien 33 años antes había sido el primer novato en ganarla.
Después le agradeció a su equipo, se bajó del carro, le pasó la botella de
leche a su papá, Pablo, y le ofreció sus brazos a la gente que se moría por
celebrar con él.
EL
5-0
No
hubo necesidad de palabras. El lenguaje del fútbol lo decía todo. Iban a ser
las ocho de la noche en Buenos Aires y de tanto silencio que había en las
tribunas del estadio Monumental, se alcanzaban a escuchar, allá abajo en la
cancha profanada, los gritos y las risas de 11 futbolistas colombianos que
acababan de propinarle a la selección de Argentina la derrota más humillante de
su historia: la del 5-0. De repente, el símbolo de aquella gesta, un rubio de
pelo ensortijado y con el número 10 al que le decían "el Pibe",
desbarató la montaña humana que se había formado y caminó hacia la entrada de
los vestuarios. Le tocó devolverse y andar hasta el centro del campo porque,
también de repente, los cerca de 70.000 aficionados argentinos se pusieron de
pie y comenzaron a aplaudir. "El Pibe" levantó los brazos hacia el
cielo en señal de agradecimiento y uno de los que aplaudían era nada menos que
Diego Maradona. Vestido con la camiseta celeste y blanca y con una mueca de
dolor en su cara, sus aplausos fueron fuertes y prolongados, con las mismas
manos que cuatro días antes le habían servido para mostrar en la televisión que
Argentina debía ganarle a Colombia, porque en el fútbol, según él, por historia
y por presente estaba mucho más arriba. La gente seguía de pie y aplaudía sin
parar, al mismo tiempo que los demás jugadores colombianos llegaban donde
"el Pibe" e imitaban su gesto. Tras los aplausos, las tribunas del
Monumental volvieron a quedar en silencio. Los argentinos salían como si
acabaran de presenciar el entierro de su propia madre. En cambio, en un
rinconcito del estadio, el del camerino colombiano, se improvisaba un festejo
sin antecedentes.
EL
TOUR DE FRANCIA-1985
Al comenzar el ascenso hacia Saint Ettiene, Luis
Herrera partió del lote sin pena y sin pedirle permiso al líder del pelotón, el
francés Bernard Hinault. Es más, el colombiano le dijo: "Nos vemos en la
meta". En el premio de montaña tenía una ventaja de 1 m 50 s sobre el
grupo y comenzó a descender. En una curva cerrada se encontró con greda
derretida y trató de esquivarla, pero ese esfuerzo lo llevó a perder el
equilibro y a rodar por el asfalto. Rápidamente, Herrera se paró, se montó en
su bicicleta y comenzó a pedalear. No se dio cuenta de que el arco superciliar
izquierdo se le había roto. Solamente lo percibió cuando la sangre empezó a
mojar su camiseta blanca con pepas rojas. "Eso me dio más valor",
diría después "Lucho", que siguió pedaleando hasta llegar a la meta.
Allí alzó los brazos en señal de triunfo y al bajarse de la bicicleta se lo
llevaron al hospital. A Hinault no lo vio en la meta, como le dijo en plena
carretera, sino en una camilla, a su lado, pues también sangraba, víctima de
una caída.
EL GOL DE
DIEGO AGUIRRE
El "día de las brujas" de 1987 parecía ideal
para que los "diablos rojos" del América ganaran por fin la Copa
Libertadores, después de dos intentos fallidos en 1985 y 1986. Jugaban en el
estadio Nacional de Santiago de Chile frente a Peñarol y el partido iba 0-0, un
marcador que les permitiría ser campeones. Iban 119 minutos y 55 segundos de
juego. Sólo faltaban cinco segundos para alcanzar la gloria. Era cuestión de
que el árbitro chileno Hernán Silva se metiera el silbato a la boca y listo.
Sin embargo, en ese momento el uruguayo Daniel Vidal tomó un rebote y le metió
un pase corto en el borde del área a Diego Aguirre, que enganchó hacia adentro,
hizo una diagonal hacia el arco y mandó un remate de zurda, cruzado, que venció
al arquero Julio Falcioni. Fue gol de Peñarol, el gol que en el último instante
del torneo volvió a frustrar el sueño americano. Mientras Aguirre corrió como
un poseído a celebrar, los "diablos rojos" del América sintieron que
los acababan de mandar para el infierno.
Camilo
Villegas gana su primer torneo PGA
Parecía
que una pila de reflectores apuntaba hacia él. Camilo Villegas no gritó. Casi
ni festejó. Segundos antes, el último de sus 265 golpes en cuatro días hizo que
la bola recorriera menos de un metro para meterse en el hoyo 18 del campo del
Cog Hill Golf and Country Club, en Lemont (Illinois, Estados Unidos). Él se
quedó parado en el mismo sitio en el que hizo el tiro, miró hacia arriba y
solamente levantó su puño derecho. No necesitaba muchas expresiones más para
demostrar su alegría por el primer triunfo de un colombiano en un torneo del
PGA Tour, el BMW Championship del 2008. Y se pudo haber quedado así todo el
resto del día, hasta que su caddie, Gary Matthews, lo sacó del éxtasis
solitario de la victoria con un fuerte abrazo. Ahí sí comenzó, en serio, el
festejo de todos.
PAMBELÉ VS.
FRAZER
Antonio Cervantes, a quien conoció cuando compartieron
habitación años atrás en Caracas, era el rival adecuado para el lucimiento del
panameño Alfonso "Peppermint" Frazer en la defensa del campeonato
welter junior de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). "Kid Pambelé",
como se apodaba al colombiano, era tosco. Así fue en nueve asaltos de una pelea
pactada a 15. En el décimo, el palanquero descargó un arsenal ofensivo violento
y se proclamó en el primer campeón mundial del boxeo colombiano. A Frazer lo
tildaron de cobarde, pero Cervantes creció y llegó a ser el mejor del mundo,
libra por libra. Años después, el panameño declaró una verdad: "La noche
del 28 de octubre en Ciudad de Panamá nació un monstruo".
Valdés
vs. Monzón
Quizá
la primera vez que dos latinoamericanos paralizaron a Europa y a Estados Unidos
fue la tarde del 26 de junio de 1976. En el Principado de Mónaco, con la
realeza y las estrellas de cine al borde del cuadrilátero, el colombiano
Rodrigo Valdés y el argentino Carlos Monzón unificaron el título mundial del
peso mediano -la categoría reina- de boxeo mundial. Una foto de El Tiempo de la
calle Séptima de Bogotá, tomada a las cuatro de la tarde, mostró la soledad
total: el país estaba "pegado" al televisor. Monzón desequilibró la
cerrada pelea al derribar al colombiano en el decimocuarto asalto.
SELECCIÓN
COLOMBIA 1975
Después de eliminar a Ecuador, Paraguay y Uruguay,
Colombia salió a conseguir su primer título internacional de su historia contra
Perú, en la final de la Copa América de 1975. Los dos primeros partidos fueron
parejos: 1-0 en Bogotá, con gol de Ponciano Castro, y derrota 2-0 en Lima. El
reglamento obligó a jugar un partido extra en Caracas y Perú logró sacar una
ventaja en los seis días que transcurrieron antes de ir a Venezuela: se trajo
de Europa, prácticamente sin permiso del Barcelona, su club, a Hugo Sotil, que
no había jugado en toda la Copa. Colombia tenía el partido controlado hasta el
minuto 25: un centro desde la derecha causó miles de problemas a la defensa
colombiana: Miguel Escobar la sacó del área con la cabeza, pero la dejó en el
borde del área. Luego, José "Boricua" Zárate tampoco atinó a mandarla
lejos y finalmente, Óscar Bolaño metió un zurdazo que no la sacó de allí. La
pelota quedó cerca del punto penalti y Sotil, el mismo que se acababa de bajar
del avión desde España, acabó con la ilusión.
LA
TARDE DE FANTASÍA DEL "TINO" CON EL NEWCASTLE
Colombia tuvo durante 90 minutos, el 17 de septiembre
de 1997, al mejor jugador del mundo. Fue la mejor noche de Faustino Asprilla en
Europa. El St. James Park recibió ese día al Barcelona de España, que contaba,
entre otras estrellas, con el brasileño Rivaldo y el portugués Luis Figo. Pero
el dueño de los aplausos fue el "Tino". Fueron tres bombazos: el
primero, de penalti, luego de que el portero holandés Ruud Hesp lo derribara
dentro del área. El segundo, antes de terminar el primer tiempo, cuando se
levantó en la mitad del área para meterle la cabeza a un centro de Gillespie. Y
el tercero, muy parecido al segundo, pero en medio de la sorpresa. ¿Salto o no
salto?, parecían preguntar los tres hombres, dos del Barcelona y uno del
Newcastle, que estaban en el área. Los españoles no lo hicieron. Asprilla sí.
Golazo. El partido quedó 3 a 2, pero "el Tino", él solo, goleó al
Barça.
EL PRIMER
TRIUNFO EN EL MONUMENTAL
En la cancha del estadio Monumental de Buenos Aires la
pelota quedó en el círculo central, traviesa y coqueta, lista para dejarse
querer. Picó una, o quizá dos veces, antes de que Willington Ortiz la sedujera
con su cintura de bailarín de salsa y sus piernas tan rápidas como flechas.
Iban 61 minutos del partido que empataban 1-1 el Cali y el River Plate de los
campeones mundiales Fillol, Passarella, Tarantini, Alonso, Ortiz y Kempes, en
el cierre del grupo 1 de la Copa Libertadores, el 22 de abril de 1981. Con la
pelota pegada al pie derecho, Willington apuró el paso, dejó regado a Pavoni,
burló con una gambeta a Tarantini, entró al área y con otra hizo lo mismo
frente al arquero Fillol. Con esta jugada, el Cali estaba a punto de ser el
primer equipo colombiano en vencer en su casa al ilustre River. Y así fue. La
pelota, fiel a la orden de Willington, se marchó dócil al fondo de la red.
EL
SOBREPASO DE MONTOYA A SCHUMACHER
La primera gran emoción que les provocó a los
colombianos Juan Pablo Montoya como piloto de Fórmula 1 duró apenas 4,4
segundos. Al frente del Williams número 6, en la segunda vuelta del circuito de
Interlagos, el bogotano hundió el acelerador a fondo en la recta principal y
antes de la primera curva alcanzó al Ferrari del tricampeón Michael Schumacher.
Ambos giraron al mismo tiempo, pero Montoya atacó al alemán, le ganó el lado
más amplio de la pista y lo forzó a frenar al terminar la segunda curva, ya que
se había salido levemente del pavimento. Luego siguió de largo y tomó la punta
de la prueba. Apenas en su tercera carrera en la F1, en abril de 2001, Montoya
mostró que era el piloto más irreverente de la categoría y en ese momento, tal
vez, el único capaz de hacer morder el polvo terrenal a quien ya había subido
tres veces al olimpo de los dioses.
LA
COPA LIBERTADORES DE 1989
Del estadio El Campín de Bogotá, a las 10 y 47 de la
noche del 31 de mayo de 1989, salió un rugido incomparable. Nacional se acababa
de convertir en el primer equipo colombiano campeón de la Copa Libertadores,
tras superar a Olimpia de Paraguay en una tanda de 18 cobros desde el punto
penalti que duró 21 minutos. En ese lapso se mezclaron la angustia, el llanto,
la risa nerviosa, el susto, la fe y los ruegos. Se pusieron a prueba los más
alentados corazones. El arquero René Higuita atajó cuatro cobros: el primero,
el 11, el 13 y el 15. Sin embargo, sus compañeros, presas del miedo, fallaron
los tiros 8, 12, 14 y 16. El turno del cobro número 18 fue para Leonel Álvarez,
que tomó carrera, se frenó un instante y luego sí remató. El engaño surtió
efecto: la pelota se metió por el palo derecho y el arquero rival se lanzó al
izquierdo. ¡Gooooooooooooolllllllllllll! Esta vez no fue un grito, sino un
rugido. Nacional, vencedor 5-4 en los penaltis, acababa de desatar una euforia
nacional después de semejante drama.
BASSA
VS. MCAULEY
El título del peso mosca de la Asociación Mundial de
Boxeo (AMB) parecía cambiar de manos aquel sábado de abril de 1987, en Belfast
(Irlanda del Norte), cuando Fidel Bassa fue dos veces a la lona. Dave McAuley
lucía fuerte y el colombiano, que realizaba su primera defensa, parecía un
muñeco de trapo rodando por el tapiz. Pero con el corazón, más que con técnica,
en el asalto 13 Bassa atacó a fondo y cambió la historia de la pelea y de su
carrera con un dramático nocaut que aún se recuerda en Europa y Latinoamérica.
"PAMBELÉ"
VS. FURUYAMA
Panamá, país boxeril por excelencia, se reunió una
noche de comienzos de diciembre de 1973 para ver al verdugo de
"Peppermint" Frazer, el colombiano Antonio Cervantes, "Kid
Pambelé", frente a un retador peligroso: el japonés Tsudo Furuyama. Era,
en parte, montar la pelea para gozar con el presunto despojo del palanquero.
Ese oriental hizo honor a su apodo de "León" y el título peligró. Sin
embargo, Cervantes, cansado de conectar sus mortíferas combinaciones sin
resultado, se vio obligado a emplear una faceta desconocida: la de boxear con
técnica. No era ya un peleador o noqueador, se había convertido en una
estrella.
EL
AUTOGOL DE ANDRÉS ESCOBAR EN USA 94
El número 13 marcó la corta vida de Andrés Escobar.
Nació el 13 de marzo de 1967 en Medellín y a los 13 minutos del partido entre
Colombia y Estados Unidos, en el Mundial de 1994, metió un autogol que terminó
relacionado con su muerte. Siendo zurdo, le puso el pie derecho a la pelota en
su afán de rechazarla. Ocurrió el 22 de junio de 1994, en el arco norte del
estadio Rose Bowl de Pasadena, frente a más de 93.000 espectadores. John
Harkes, del equipo estadounidense, había lanzado un centro bajo y cruzado desde
la izquierda, fuera del área penalti. En una reacción instintiva, Escobar se
agarró la cabeza y le clavó la mirada al césped sin encontrar ninguna
explicación. El partido se puso 1-0 y Colombia perdió 2-1. Diez días después,
en su tierra natal, al defensa lo asesinaron de 12 balazos. La leyenda cuenta
que, antes de dispararle, el homicida le dijo: "Gracias por el
autogol".
FABIOLA
ZULUAGA EN EL ABIERTO DE AUSTRALIA
Vestida de blanco de la cabeza a los pies. Así,
literalmente, llegó Fabiola Zuluaga a la cancha central del Melbourne Park,
para jugar la semifinal del Abierto de Australia 2004. Hasta su rostro estaba
de blanco, porque se aplicó una gran cantidad de bloqueador solar para que el
astro rey no le hiciera mella. Al frente la esperaba la belga Justin Henin,
número uno del mundo. "En el comienzo estamos viendo un tenis hermoso,
porque Zuluaga sirve bien y Henin devuelve bien". Con ese comentario, la
página de Internet del torneo arrancó el análisis del enfrentamiento. En el
game inicial, la belga le quebró el servicio a la colombiana, que perdió el
primer set 2-6. En el segundo y último cayó por idéntico marcador. El partido,
disputado el jueves 29 de enero, duró una hora y 16 minutos. Fabiola avanzó a
esta instancia al ganar por W.O. en la ronda anterior, tras una lesión en la
espalda de la francesa Amelie Mauresmo. Esto, sin embargo, no le quita méritos
a la proeza de ser el o la tenista de Colombia que más lejos ha llegado en un
Grand Slam. Tampoco se marchó en blanco: tan sólo por jugar la semifinal, la
organización la premió con 231.120 dólares (más de 400 millones de pesos).
EL
BRONCE DE XIMENA
Al oír el pistoletazo, a Ximena Restrepo se le
acabaron las ganas de vomitar que sentía por los nervios y, todavía presa de la
ansiedad, arrancó a correr la final de los 400 metros. Su comienzo fue malo,
pero pronto empezó a recuperarse. Situada en el carril seis, con el dorsal 324
y su traje azul con el tricolor colombiano, en la segunda curva ya iba codo a
codo con la francesa Marie Jose Perec, la ganadora del oro que corría por el
carril cinco. Tenerla de referencia, a su izquierda, fue una bendición para
Ximena, que en la recta final apretó los dientes y corrió con instinto felino
para cruzar la meta echando el cuerpo hacia adelante y un tiempo de 49,64
segundos, el mejor de su vida, suficiente para obtener la medalla de bronce el
miércoles 5 de agosto de 1992, en el estadio de Montjuic.
EL
ESCORPIÓN DE RENÉ HIGUITA
Era un partido amistoso más bien aburrido. Colombia
jugaba a tocar y tocar la pelota. Inglaterra, a tirar centros y probar suerte
de media distancia. A los 22 minutos, quien se animó a esto último fue Jamie
Redknapp. Libre de marca, remató más con ubicación que con potencia. Cuando la
bola caía al arco, René Higuita se inclinó, estiró los brazos hacia abajo,
levantó las piernas de atrás hacia adelante como si fueran un aguijón y la
rechazó con los talones. Enseguida, y sorprendido, el público que presenciaba
el juego en el estadio de Wembley tuvo un motivo de sobra para romper el
silencio. Hubo murmullos y risas. El 7 de septiembre de 1995, un arquero colombiano
apodado el "Loco" acababa de hacer la "locura" más grande
en la tierra de los inventores del fútbol.
LAS
LÁGRIMAS DE FARID MONDRAGÓN EN FRANCIA 98
El último retrato que tiene el álbum del fútbol
colombiano en los Mundiales es de Farid Camilo Mondragón Aly. Los fotógrafos lo
tomaron el 26 de junio de 1998, el día en que Colombia quedó eliminada en la
primera fase del campeonato a manos de Inglaterra. A los 42 minutos del segundo
tiempo Colombia perdía de lejos en el campo, pero apenas 2-0 en el marcador. En
las tribunas del estadio de Félix Bollaert, de Lens, los hoolligans y no
hoolligans ingleses cantaban y bailaban en "trencitos" como los que
se hacen en las fiestas de la casa de una tía. Faltaban los últimos 180
segundos y Mondragón, el gigante de 1,92 metros entre la coronilla y la suela
del zapato, se hincó y en cuclillas agachó la cabeza, enterró la mirada en el
pasto y empezó a llorar. Sus lágrimas fueron imparables, como el latigazo de
Darren Anderton y el tiro libre perfecto de David Beckham. Lloraba sin pausa,
desembocando un brioso río de lágrimas. De nada le había servido atajar siete
veces siete pelotas imposibles con siete amenazas de gol. De nada había valido
su esfuerzo. Cuando sonó el pitazo final, eliminado, cruzó la cancha inconsolable
sin hacer el más mínimo esfuerzo por evitar sus sollozos. En ese valle de
lágrimas, Michael Owen lo aplaudió, Alan Shearer lo abrazó y su colega de arco,
David Seaman, le ofreció su hombro. Y él puso allí su cabeza desconsolada. Así,
Farid, vio cómo sus guantes salvadores no eran más que un pañuelo en el que
había sido el partido de su vida.
EL
"SPIDERMAN" DE VILLEGAS
No lo picó una araña mientras dormía, ni se viste de
rojo con azul, ni se cubre la cara para ocultar su primera identidad:
"Spiderman" nació en un campo de golf. Algún día del 2005, Camilo
Villegas dejó de agacharse como lo hacen todos los golfistas para medir la
caída de algún green y mejorar el putt, un golpe en el que tenía problemas:
terminó casi acostado, como en posición de acecho a alguna presa, con la pierna
derecha completamente estirada y la izquierda flexionada, para tener la mirada
casi a ras de piso. Al principio causó curiosidad y hoy constituye su sello
personal como golfista: es mucho más fácil, si se busca una foto de Villegas en
Internet, que aparezca en esa posición, ya clásica, que haciendo un swing.
EL
4-4 DE CHILE 62
Era difícil ser hincha del fútbol internacional a
comienzos de la década de 1960. Las imágenes que llegaban a Colombia eran
escasas, tardías y solamente la magia de la radio y las fotos de los
periódicos, al día siguiente, daban una idea lejana de lo que había pasado. En
el Mundial de Chile-62, Marcos Coll se convirtió en un jugador tan recordado y
quizá más, que los de hoy, por cuenta de un gol olímpico. Colombia perdía 4-1
con Unión Soviética. En la esquina noroccidental del campo de juego del estadio
de Arica (Chile), el de la camiseta número 20 de Colombia, en ese entonces azul
y no amarilla como ahora, se paró al lado del banderín y lanzó el balón con su
pie derecho. La pelota picó en el área y se metió entre el palo y el legendario
arquero Lev Yashin. Fue una inyección de ánimo que se tradujo en dos goles más
y el 4-4 final que se celebró como si se hubiera ganado el Mundial por los
siguientes 28 años.
VALDÉS
VS. MONZÓN II
La segunda pelea entre Valdés y Monzón también
paralizó a Europa y América. El argentino anunció que cualquiera que fuera el
resultado se iba del boxeo para dedicarse al cine. Valdés quería la victoria
para reconquistar los títulos mundiales del peso mediano. Rápido, en el
comienzo de la batalla del 30 de julio de 1977 en Mónaco, también con la
realeza y las estrellas del séptimo arte en ring side, derribó a Monzón y el
mundo se estremeció viendo al gran campeón en la lona. Pero el argentino se
levantó y ganó por decisión. La imagen de la caída está en la historia: y al
fondo aparece, a la expectativa para rematar, el colombiano.
EL
PRIMER ORO OLÍMPICO DE COLOMBIA
María Isabel Urrutia sabía que sólo tenía una
oportunidad en su vida para ganar una medalla de oro olímpica. Para los juegos
de Sydney-2000, el Comité Olímpico Internacional (COI) les abrió las puertas a
las competencias de levantamiento de pesas en la categoría femenina. Urrutia,
de 35 años, tenía en mente retirarse del deporte después de las justas, pasara
lo que pasara. El 20 de septiembre apareció en escena y, para sorpresa, se veía
más delgada que nunca para disputar las preseas en la categoría de más de 75
kilos. En al arranque levantó 110 kilos. Luego entró nerviosa, pero confiada, a
la prueba de envión. Sus dos primeros ejercicios fueron perfectos: levantó 132
y 132,5 kilos, aunque falló al intentar alzar los 137,5. Luego entró en el
camerino y fijó sus ojos en el televisor. Vio cómo Kuo Yi-Hang, de China
Taipéi, levantó los mismos 137,5 kilos y enseguida su corazón se le quería
salir del pecho cuando el turno fue para la nigeriana Ruth Ogbeifo, que intentó
alzar la palanqueta con 140 kilos. Si lo hacía, le quitaba el oro. Urrutia se
abrazó con su entrenador, Gantcho Karouskov, y de reojo miró el movimiento.
Ogbeifo falló y las tres quedaron empatadas al levantar en total 245 kilos.
Entonces, Urrutia lanzó un grito ensordecedor: había ganado la medalla de oro
por aquellas cosas de las mujeres: conservar la figura. Ese día, su peso
corporal fue de 73,28 kilos, frente a los 74,20 de Ogbeifo y los 74,52 de Hang.
EL
BATAZO DE ORO DE RENTERÍA
Con la pizarra igualada a dos carreras, en la parte
baja de la undécima entrada del séptimo y último partido de la Serie Mundial de
Béisbol, el estadio Pro Player de Miami (Estados Unidos) ofrecía un apoyo
incondicional a sus Marlins frente a los Indios de Cleveland, la madrugada del
lunes 27 de octubre de 1997. Es el turno del colombiano Édgar Rentería. Sus
compañeros gritaron "¡Ganamos!". Así era la confianza en el bate
oportuno del pelotero que un año atrás había debutado en las Grandes Ligas.
Charles Naggy lanzó la pelota y Rentería la puso en el jardín central. El colombiano
alcanzó desde entonces el rótulo de estrella de la pelota caliente.
MONTOYA
GANA EL GP DE MÓNACO
Juan Pablo Montoya nunca ha besado un trofeo con tanta
pasión como lo hizo con la copa de plata que obtiene el ganador del Gran Premio
de Mónaco de Fórmula 1. El domingo 10 de junio de 2003, con el corazón a más
revoluciones por hora que su auto, y sin parar de sonreír, recibió la insignia
de manos del príncipe Rainiero. Enseguida se paró en la quinta y última de las
escaleras adornadas con una alfombra roja y al escuchar los primeros acordes
del himno de Colombia, se quitó la gorra azul rey, bajó la cabeza y estuvo a
punto de llorar y de reír al mismo tiempo. La imagen es inmortal: un escalón
debajo están Michael Schumacher, a su izquierda, y Kimi Raikkonen, a su
derecha. Detrás de él, a su izquierda, la princesa Carolina; en el centro,
Rainiero, y a la derecha, el príncipe Alberto. Fue el epílogo feliz de una
carrera perfecta en el difícil trazado monagesco, que, según afirman los que
saben, sólo ganan los pilotos más talentosos. Y Montoya lo hizo con honores, al
imponer nuevo récord de tiempo total: una hora, 42 minutos, 19 segundos. Ese
día no cabía de dicha y hasta bañó en champaña a Schumacher. Luego se abrazó
largamente con su esposa, Connie Freydell, y también para ella hubo un beso
apasionado en la boca.
LORA
VS. VÁSQUEZ
Antes de ser coronado como campeón mundial, la crítica
cubana que domina el sur de la Florida, en Estados Unidos, había calificado al
colombiano Miguel "Happy" Lora como el mejor boxeador del peso gallo
del mundo. Por eso, en ese agosto de 1985, cuando se tituló al superar al
mexicano Daniel Zaragoza, a nadie sorprendió el resultado. Sorpresa sí cuando
Lora va a la lona en la primera defensa en Miami ante los puños del
puertorriqueño Wilfredo Vásquez, pero se levanta y ofrece un concierto de
técnica pugilística para retener el título y maravillar al mundo. La prensa
especializada, al poco tiempo, lo ubica como uno de los tres mejores, al lado
de Mike Tyson y Julio César Chávez.
LA
PATADA VOLADORA DE ARLEY BETANCOURT
La vida puede cambiar de golpe. O mejor, por un golpe,
como le pasó a Arley Betancourt, que en 1995 estaba en la fila de posibles
sucesores de Carlos Valderrama. Pero un terremoto causado por su temperamento
lo borró de la lista. El 22 de marzo de ese año, México y Colombia jugaban la
semifinal del torneo de fútbol de los Juegos Panamericanos. El árbitro
costarricense Ronald Gutiérrez le mostró la tarjeta amarilla a Arley por botar
un balón lejos. La respuesta del colombiano fue digna de un karateca: le lanzó
una patada voladora y luego lo agarró a puños. De nada valió su posterior
arrepentimiento: lo suspendieron un año y nunca volvió a ser el mismo.
MOLINARES
VS. STARLING
Marlon Starling parecía encaminado a retener el título
del peso welter de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB). La noche del 29 de
julio de 1988, en Atlantic City, Starling dominaba sin sobresaltos al
colombiano Tomás Molinares, en una pelea transmitida de costa a costa en
Estados Unidos. Pero en la esquina de Molinares estaba un viejo zorro, el
argentino Amílcar Brusa, el mismo entrenador de Carlos Monzón, a quien le
gustaba que sus pupilos lanzaran golpes de principio a fin. Y Molinares soltó
un derechazo sobre el final del sexto asalto y Starling se desplomó para
coronar al colombiano. Todavía hoy se discute si el golpe fue antes o después
del campanazo.
LA
FUGA DE BOTERO
En el 2002 Santiago Botero le ganó la contrarreloj a
Lance Armstrong y seis etapas después se involucraron en una larga escapada, en
una jornada que contó con siete pasos montañosos, el último de ellos de fuera
de categoría. En los kilómetros finales cambió de relación y se fue en
solitario. Su ventaja de 1 m 50 s lo llevó a mermar el paso en el kilómetro
final. Su rostro no reflejaba el cansancio de los 226 kilómetros del recorrido.
A 500 metros de la meta, Botero se dio cuenta de que ondeaba una bandera
colombiana en las vallas de seguridad. Lanzó el brazo derecho para quedarse con
la tricolor, pero el aficionado no se la dio. Frustrado, se persignó y entró
victorioso.
EL
GOL DEL "PALOMO" CONTRA ISRAEL
A Albeiro Usuriaga le empezaron a decir
"Palomo" cuando vivía en Cúcuta, en sus primeros trinos como
futbolista profesional. Salía a pasear por el malecón vestido de sombrero,
traje y zapatos blancos. "Ahí viene el Palomo", decían sus amigos. Y
así se quedó. Años después, ese hombre que buscaba distinguirse y ser el centro
de atracción se hizo único y fue el más admirado del país. El 15 de octubre de
1989, en el estadio Metropolitano de Barranquilla, el larguirucho gigantón
negro de 1,92 metros, piernas de garza y guayos de siete leguas, se escurrió en
el área minada de Israel y, de puntazo, estalló el gol del 1-0 con el que la
selección levantó el vuelo a su primer Mundial de Fútbol en 28 años: el de
Italia-90.
LA
COPA AMÉRICA
Lloró como un niño asustado, como un hombre feliz.
"Es para toda Colombia... ¡Snif! Es para que seamos un país mejor...
¡Snif! Este es un triunfo de todos... ¡Snif!", dijo, entrecortado, Iván
Ramiro Córdoba. Fue el llanto del capitán de la Selección Colombia de Fútbol
que, el 29 de julio del 2001, ganó la Copa América al derrotar 1-0, con gol
suyo, a México en Bogotá. Fue al minuto 20 del segundo tiempo, cuando levitó en
un instante eterno, giró la cabeza como si tuviera una rosca en la nuca, sacó
un berrido de gol de su garganta y apretó los puños en sus brazos como aspas.
Esa tarde soleada de domingo, el fútbol colombiano agarró el cielo con las
manos y su capitán, por ese entonces de 24 años, se puso y puso a llorar de
emoción a todo un pueblo. ¡Colombia, campeona!
LA
TARJETA ROJA DE PELÉ
Los árbitros de fútbol son los únicos jueces que
siempre son culpables, más si desafían a los dioses del juego. Así le pasó a un
ex boxeador hecho réferi: Guillermo "Chato" Velásquez, quien en la
noche del miércoles 17 de julio de 1968, en El Campin de Bogotá, en un partido
entre la Selección Olímpica de Colombia y el Santos de Brasil, expulsó a
"O Rey Pelé" porque le reclamó feo no darle un penalti. Las 50.000
personas que pagaron para ver a la estrella, insultaron al juez. ¡Apenas iban
35 minutos! A puños y patadas, todos los jugadores de Santos golpearon a
Velásquez, quien repartió puños y puntapiés hasta donde pudo. Los directivos
decidieron que Pelé regresara al campo y que Omar Delgado, uno de los jueces de
línea, fuera el central. Al final, Pelé y sus compañeros terminaron en una
comisaría.
LA
COPA ROTA DEL ONCE CALDAS
¿Qué es una "colombianada..."? Once Caldas
gana la Copa Libertadores de América del 2004 al supremo Boca Juniors de
Argentina. Los futbolistas del que era un club semi-desconocido de nombre
singular, eufóricos, se pasan el trofeo en ese ritual de celebración que es la
"vuelta olímpica". En su turno, Herly Alcázar -también un nombre
singular- sacude el tesoro futbolero de plata y roble de tal manera que lo desbarata
en pedazos. Rómer Osuna, directivo de la Confederación Suramericana, comenta,
después, con ingenio: "Nunca le había pasado nada en más de cuarenta años.
Incluso le dije al presidente del club que la Copa está en malas manos".
El trofeo de ahora, reparado, es parecido, pero no el mismo. ¿Aún no sabe qué
es una colombianada?
UNA
MALA LOCURA
El equilibrista camina seguro sobre la cuerda floja.
Lo ha hecho mil veces, hasta con los ojos cerrados. René Higuita, el portero de
la Selección Colombia de Fútbol, sale seguro de su arco a la mitad del campo
del estadio San Paolo, de Nápoles. Colombia pierde 1-0 con Camerún en la
prórroga de los octavos de final del campeonato del mundo de 1990. El
"Loco" quiere ponerle fin a su función y le pasa la bola a Luis Carlos
Perea. Da un paso atrás, en busca de la seguridad de su área. Sin embargo,
asustado y apresurado, Perea le regresa el balón: Roger Milla, el león del
desierto, acecha. Higuita, entonces, intenta una gambeta, pero la pelota queda
en las fauces de la fiera que la devora en gol. Al equilibrista le falló el
acto justo cuando le quitaron la red...
ALEMANIA
1 - COLOMBIA 1
88 minutos y 19 segundos del partido de Colombia y
Alemania en el Mundial de Italia-1990. El 0-0 del tablero electrónico del
estadio San Siro de Milán no cuenta todo lo bueno que han hecho los de la
camiseta roja con alas amarillas y azules en las mangas. Justo en ese momento,
Pierre Littbarski, con un zurdazo de humo anota el gol alemán. Desorientada,
apenas levantándose de la lona, a Colombia se le escurre el poco tiempo que le
queda. Minuto 91 y 50 segundos: Leonel Álvarez le quita la bola a Rudi Voeller
en el área, a 80 metros de distancia de la puerta rival. De inmediato, la
entrega a "Bendito" Fajardo. Avanza hasta unos metros más allá de la
mitad del campo. Encuentra al "Pibe" Valderrama que, como dando
saltitos, escapa con un giro de tres "panzers" germanos. Y, entonces,
"Pibe" a Freddy Rincón y Rincón a "Bendito" y
"Bendito" a Valderrama. Minuto 92 y 8 segundos: Valderrama mira a su
izquierda, donde Estrada corre rumbo al área, pero, genial, desliza la bola
hacia el otro lado, por el que cabalga el potro azabache de Rincón. Minuto 92 y
13 segundos: la pelota frena en la red tras un suave viaje por el túnel de las
piernas del portero Illgner... No fue un gol. Es la poesía del fútbol.
JUVENTUD
DE AMÉRICA
1985. Colombia enfrentaba a Argentina en el
Suramericano juvenil de Paraguay, en esa época todavía conocido como torneo
Juventud de América. El equipo venía de ganarle 2-1 a Bolivia y, si bien había
dado señas de buen juego, todavía no explotaba. Los argentinos se fueron en
ventaja con gol de Rafael Herrera. Hasta que apareció un punterito pequeño,
menudito, con unos rizos que escondían su pícara mirada: John Édison Castaño,
quien venía desde la punta izquierda, enganchando, y parecía mirar a quién le
pasaba la pelota. Pero Castaño, tal vez el jugador más habilidoso en la
historia del fútbol colombiano, decidió que 40.000 personas tuvieran cara de
sorpresa: sacó un bombazo desde el borde del área y empató el partido. Eran las
primeras pinceladas de la selección de Luis Alfonso Marroquín, aún vestida con
la camiseta de color zapote. Luego llegaron las camisetas amarillas, las
clasificaciones a los mundiales, el reconocimiento internacional. Pero todo
salió del guayo derecho de Castañito, que, paradójicamente, no disfrutó de esos
reconocimientos.
COLOMBIA
LE GANA A EE. UU. EN LA COPA DAVIS
Batman
y Robin, Abbot y Costello, Garzón y Collazos son dos que se dicen como si
fueran un solo nombre. Igual le pasó al tenis de Colombia durante los años
setenta: Velasco y Molina eran dos que sonaban como uno solo. En 1974, hace 25
años, con su raquetas de madera y sus medias casi hasta las rodillas, lograron
el más grande triunfo colombiano que se haya visto en el que por esa época
todavía era un deporte que se jugaba de blanco. En el Club Los Lagartos, de
Bogotá, vencieron al equipo de Estados Unidos en la semifinal de la Zona de América
del Norte. Velasco y Molina ganaron sus partidos de sencillos y solo perdieron
el juego de dobles. Velasco y Molina superaron a Solomon y Van Dillen. Velasco
y Molina (nuca Jairo e Iván), dejaron de pronunciarse al mismo tiempo...
LA
PRIMERA FINAL DE LA COPA LIBERTADORES
Antes, las alineaciones de los equipos de fútbol se
recitaban como un verso. Aquí va uno tomado del libro de la Copa Libertadores,
edición 1978. Y dice: Deportivo Cali: Zape; Ospina, Escobar, Caicedo y Castro;
Valverde, Otero y Landucci; Torres, Scotta y Benítez. El 23 de noviembre de
1978, el equipo dirigido por el argentino Carlos Bilardo se convirtió en el
primero que, por Colombia, jugaba una final de la Copa. Recibió al Boca Juniors
en el Pascual Guerrero. Y el juego acabó sin goles. Cinco días después, en ese
monstruo infernal de 50.000 bocas que aúlla todo el tiempo que es "La
Bombonera", perdió 4-0. Sin embargo, ellos fueron los 11 apóstoles que
predicaron que los equipos colombianos podían soñar con ser los mejores de
América.
HINAULT
CAE EN COLOMBIA
Ya había ganado cinco veces el Tour de Francia, en
tres ocasiones el Giro de Italia y acreditó dos triunfos en la Vuelta a España.
La carrera de Bernard Hinault estaba en el ocaso, pero decidió venir a Colombia
a sentir de cerca la pasión por el ciclismo. Era su último año entre las bielas
y los pedales y el Clásico RCN lo tuvo en su nómina de inscritos en 1986. Venía
aquejado de una tendinitis y lo pagó caro. En la etapa a Supía sufrió como un
condenado. Los ciclistas nacionales apretaron el paso y el calor que sofoca en
el cañón del río Cauca le pasó factura. Fue maltratado como él lo sabía hacer
con sus rivales en las carreteras europeas. En la meta perdió 20 minutos, se
despidió de la pelea por el título y días después partió al Tour de Francia,
donde le entregó el testimonio de grande al estadounidense Greg Lemond.
TÍTULO
MUNDIAL DE MARTÍN EMILIO RODRÍGUEZ
El apodo de "Cochise" se lo puso él mismo.
No se perdía ninguna película en la que el gran héroe era un indio apache que se
hacía llamar así. Martín Emilio Rodríguez copió de su ídolo la garra con que
había que luchar y en vez de flechas utilizó la bicicleta para convertirse en
el mejor del mundo. En Varese (Italia), en 1971, a base del pedaleo sobre la
máquina de piñón fijo, el colombiano venció al suizo Joseph Fush y se quedó con
el título mundial de los 4.000 metros persecución individual. Dicharachero y
mamador de gallo, hoy, "Cochise" Rodríguez está en todas las carreras
del ciclismo colombiano pregonando su principal defecto: "No preocuparme
por nada de nada".
EL 1-2 EN EL TOUR DE FRANCIA
Lans
en Vercors es una estación invernal famosa en los Alpes franceses. La nieve y
las bajas temperaturas son tradicionales a final de año. Pero el 10 de julio de
1985, los casi 40 grados centígrados fueron grandes aliados de Fabio Parra y
Luis Herrera. El primero de ellos se fugó luego de tres arrancadas que fueron
respondidas por el lote. Sin embargo, cuando faltaban cinco kilómetros para el
arribo, el grupo le pisaba los talones. La gasolina se le había acabado y
pagaba caro el esfuerzo. Al pasar por la pancarta de tres kilómetros para la
meta, se asustó. Vio que se aproximaba una sombra, pero se calmó cuando se dio
cuenta de que era Herrera el que llegaba a darle una mano. El apoyo fue clave y
la diferencia se aumentó. "Lucho" tuvo tiempo para acomodarse la
gorra, dejó que Parra cruzara la meta en el primer lugar y Colombia obtuvo su
primer y único 1-2 en el Tour de Francia.
POLE DE
ROBERTO GUERRERO EN INDIANÁPOLIS
Sufrir. Ese fue el verbo que siempre conjugó el piloto
colombiano Roberto José Guerrero en su trayectoria profesional. En 1992 tuvo
que esperar dos días para ratificar que saldría comandando la grilla de las 500
millas de Indianápolis, la carrera en óvalo más famosa del mundo. El sábado 9
de mayo, Guerrero salió a clasificar a las 5.45 de la tarde, hizo el mejor
tiempo, pero la sesión abortó 45 minutos más tarde sin que todos los pilotos
lucharan por un cupo en la grilla. Las series de clasificación se reanudaron al
día siguiente. Guerrero sufría en su camerino. Impotente, trataba de calmarse
caminando por el pasillo. Sin embargo, sus rivales no pudieron superar su
tiempo de 2 m 34 s 851 mil. y el sueño de partir de primero en la carrera se
había cumplido.
GUERRERO
SE QUEDA SIN GASOLINA EN LA META
Roberto José Guerrero tuvo en dos ocasiones la
oportunidad de ganar las 500 millas de Indianápolis, la carrera en óvalo más
importante del mundo. La de más recordación fue la prueba de 1987. La
competencia entró en su parte definitiva. Al Unser y Guerrero peleaba la punta.
El colombiano aceleraba a fondo, pero Unser no lo dejaba pasar. Cuando faltaban
veinte vueltas para el final, ambos entraron a los pits y salieron de inmediato
en busca de la gloria. Con llantas nuevas sobre el asfalto, Unser veía cada vez
más cerca al colombiano, que en varias ocasiones estuvo a punto de pasarlo. A
dos vueltas de la conclusión y cuando pocos centímetros lo separaban del carro
de Unser, Guerrero se dio cuenta de que el combustible se acababa y tuvo que
desacelerar. No podía creer que la mala suerte lo hubiera acompañado ese día.
Unos giros antes, una llanta de su auto salió disparada y mató al aficionado
Lyle Kurtenbach. En ese momento veía cómo el auto de su rival pasaba por el
frente de una bandera a cuadros, que se agitaba recibiendo al campeón.
LOS HÉROES
DE LA PELOTA CALIENTE
Ese 16 de diciembre de 1947, Cartagena y Colombia
estaban metidas en el béisbol. El "equipo de los chiflidos", como se
llamaba al seleccionado nacional dirigido por el cubano Pelayo Chacón y comandado
por el lanzador Carlos "Petaca" Rodríguez y el tercera base Pedro
"Chita" Miranda, ganaba el título mundial de béisbol frente a Puerto
Rico, 5-0. El estadio Once de Noviembre, de Cartagena, fue el escenario de
aquella fiesta que aún muchos abuelos recuerdan, incluyendo los cuatro
peloteros sobrevivientes: "Kiki" Hernández, "Flaco"
Herrera, "Jiquí" Redondo y "Ronquecito" López. Colombia
celebró por años su primer título mundial en cualquier deporte.
LA
MEDALLA DE BRONCE REGRESA A CASA
Cuando le dan ganas de llorar, a María Luisa Calle no
le salen lágrimas porque las derramó todas durante los 14 meses que duró su
lucha por demostrar que no se dopó en la prueba por puntos en Atenas-2004,
donde obtuvo una medalla de bronce que más tarde le quitaron luego de dar
positivo por heptaminol. Tuvo que entregar la presea, el diploma y los
reconocimientos, pero desde ese instante comenzó a pedalear en la carrera más
dura de su vida. Tocó todas las puertas y llegó hasta el Tribunal de
Arbitramento del Deporte (TAS), que fue al único que le logró comprobar que el
heptaminol llegó a su muestra en un tubo de ensayo y que no fue producido en su
cuerpo. El 23 de noviembre de 2005, el presidente de Colombia, Álvaro Uribe
Vélez, le devolvió la medalla. Ese día trató de llorar, pero comprobó que las
lágrimas se le habían acabado.
SANTIAGO
BOTERO, CAMPEÓN MUNDIAL CONTRARRELOJ
En los Mundiales de Ciclismo de 2002, celebrados en
Zolder (Bélgica), Santiago Botero, que más parece un europeo por su pelo mono y
sus ojos azules, pero que al oírlo hablar uno se da cuenta de que es paisa de
pura cepa, tenía en mente sacarse una espina que se le había metido un año
antes en Portugal, cuando en la prueba contrarreloj el alemán Jan Ullrich y el
británico David Millar se le atravesaron y lo dejaron con el bronce en el
cuello. Botero se acomodó en su máquina, agachó la cabeza, estiró los brazos y
con una relación promedio de 55 x 11, una prueba de su fuerza descomunal,
comenzó a recorrer los 40 kilómetros del trazado. En los pasos intermedios
pulverizó los relojes. En la meta rompió los cronómetros y con tiempo de 48 m 8
s ganó el oro y se enfundó la camiseta arco iris, para convertirse en el primer
colombiano en obtener el metal dorado en esta clase de pruebas.
El
9-0
En
el Preolímpico del 2000, Colombia enfrentaba a Brasil con la
"ventaja" de poder perder hasta por seis goles para clasificar a la
fase final. El 29 de enero, un día antes del partido, el DT Javier Álvarez veía
por TV el juego entre Uruguay y Argentina. A los argentinos les expulsaron dos
jugadores y Álvarez, que hasta ese día había trabajado con todos los titulares
para enfrentar a Brasil, entró en pánico y en el último entrenamiento sacó a
cinco titulares. Brasil nos hizo nueve goles y Chile, que ya había mandado la
utilería a Santiago, entró al cuadrangular final, fue a Sydney y se colgó la
medalla de bronce.
LA
VUELTA A ESPAÑA
Sólo 49 segundos separaban a Luis Herrera de la
gloria. El alemán Raimond Dietzen era el portador de la camisa amarilla, pero
la jornada montañosa favorecía las condiciones del escalador colombiano. La
etapa, que había partido de Santander, entraba en sus 13 kilómetros
definitivos. La carretera comenzó a empinarse y los pedalistas nacionales se
apoderaron del frente del lote grande. Nadie podía salir, la autorización era
sólo para Herrera, que faltando siete kilómetros lanzó su feroz ataque. A sus
rivales, los dejó hablando solos. Nadie le pudo seguir el paso: su ritmo era
insoportable. Pedaleaba como si la vida se le fuera. La camiseta roja que
portaba el cundinamarqués, del líder de la montaña, abría el paso de la
caravana. Cada rato se subía las mangas blancas que lo protegían del frío.
Coronó el premio de montaña y se lanzó en busca de la meta. "Luchito"
impulsó la bicicleta, levantó por segundos los brazos y de inmediato se
encontró con la pared de fotógrafos que lo esperaba detrás de la línea de
sentencia en los Lagos de Covadonga. Como si se tratara de una contrarreloj, el
reloj comenzó a ser el juez. Los segundos pasaron y Herrera se regaló el
triunfo y el liderato de la ronda ibérica: era el día de su cumpleaños número
26.
San
Silvestre
Tachado
de malgeniado, mala gente y de imprudente, a Víctor Manuel Mora García nadie le
puede quitar el rótulo de ser un campeón "callejero". Sus victorias
más importantes las logró en las pruebas de calle, sobre el duro asfalto por el
cual hoy ya ni corre como aficionado, porque tiene desgastada la cabeza del
fémur de su pierna derecha. En 1981 ganó su cuarta Carrera de San Silvestre, la
que se realiza todos los 31 de diciembre en São Paulo. Libró una lucha cerrada
con sus rivales y los venció en la raya de sentencia después de superar los
8.900 metros de recorrido con 23 m 30 s, a sus 37 años y portando el número
4661.
REAL
MADRID VS. MILLONARIOS
Para festejar sus Bodas de Oro, el 30 de marzo de
1952, el Real Madrid invitó a Millonarios. Hoy puede parecer una fantasía, pero
así fue. En aquella época, el equipo español ya era uno de los más importantes
de Europa y el colombiano, uno de los mejores de América y al que llamaban
"El ballet azul" por su forma histriónica de jugar. Tenía
"actores" de primerísimo nivel, traídos de Argentina para aprovechar
la huelga del fútbol en ese país. Para el partido del festejo jugaron Alfredo
Di Stéfano, Adolfo Pedernera, Néstor Rossi, Alfredo Castillo, Antonio Báez,
Raúl Pini, Reynaldo Mourín y Julio Cozzi. ¡Ocho argentinos! El onceno lo
completaron el peruano Ismael Soria, el paraguayo Julio César Ramírez y un colombiano:
Francisco "Cobo" Zuluaga. El escenario fue el estadio Chamartín, con
70.000 espectadores a bordo. Millonarios ofreció una magnífica obra, le hizo
honor a su sobrenombre. En el primer tiempo ganaba 3-0 y al final se impuso
4-2. Los goles fueron de Di Stéfano (2), Castillo y Báez. Cobró $5.000 por
aquella presentación. Los españoles quedaron maravillados con Di Stéfano y un
año más tarde lo contrataron. También terminaron encantados con el fútbol que
jugaba Millonarios. Tanto, que se enfrentaron otras cinco veces entre ese año y
1959, y el Real Madrid nunca le pudo ganar.
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